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El Señor no nos abandonará para siempre; nos aflige, pero en su gran bondad también nos compadece. No es la voluntad del Señor afligirnos ni entristecernos. [Lamentaciones 3:31-33 RVC]

¿Dios puede curarme? ¡Por supuesto, pues es Todopoderoso!El sufrimiento es difícil de soportar y fácilmente suscita el sentimiento de oposición o de rebelión contra Dios.

El apóstol Pablo escribió a Timoteo “… a Trófimo dejé en Mileto enfermo” [2 Timoteo 4:20]. Pablo tenía el don de sanidad, no lo había curado y tampoco pidió a Timoteo que lo hiciese. Epafrodito, su colaborador, había estado enfermo y muy cerca de la muerte, pero tampoco intervino Pablo, quien al respecto escribió: “Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí” [Filipenses 2:27]. Dios lo curó. Timoteo tenía problemas de salud y Pablo sencillamente le dio unos consejos.

El mismo Pablo había recibido una prueba dolorosa, la cual llamó aguión en mi carne. No pidió a Pedro ni a ningún otro apóstol que lo curase. Suplicó tres veces al Señor que se la quitase, pero él le respondió: “Bástate mi gracia” [2 Corintios 12:9]

Sean cuales sean las circunstancias, estamos seguros de que la gracia y el poder de Dios intervendrán en el momento oportuno. es difícil entender la voluntad de Dios cuando pasamos por pruebas. Si él lo juzga oportuno sana. Él responde a la oración de fe [Santiago 5:15] ¡Confiemos en la sabiduría y en el amor de nuestro Padre!

Sé que seré sano si Tu solamente pronuncias una palabra, Dios mío… Pero también sé que Tus planes van más allá de mi entendimiento y que siempre, por sobre todo tendré Tu Paz.

Fuente: La Buena Semilla 2012

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